Es este un álbum ilustrado cargado de poesía y buenas intenciones.

      Si mi mamá no me mi mima, ¿tengo seguir escribiéndolo?

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En Pájaros en la Cabeza (Litera, 2016) una serie de preguntas que transcienden el mundo infantil son planteadas por una niña; es más, el valor simbólico entre líneas del libro es más posible que sea captado por ese lector adulto: tenemos mucho que aprender de los niños y de las niñas y entre estas cosas está el vivir despierto, preguntarse cosas sobre la vida, no dar nada por supuesto…

Al igual que hacen muchos niños. A veces los adultos estamos, digamos, demasiado normativizados.

No obstante, un niño disfrutará con el ritmo, se preguntará quizás por qué se pregunta eso la niña, intentará contestar a esas preguntas él mismo, pensará que la profesora está triste, o reaccionará de un modo que no se puede saber.img_1962-1

Si lo que pienso es muy grande, ¿puedo salirme de la línea?

Me pregunto si es este un libro femenino. ¿Si en lugar de una niña fuera un niño el protagonista podría continuar siendo igual el libro? Pienso que sí, que completamente. Es verdad que se utilizan elementos femeninos en la niña como los vestidos, las faldas, la coleta… pero no hay muestras de estereotipos estructurales femeninos en el libro sino más bien al contrario: es la niña que piensa, la niña activa, la niña que siente que puede preguntarse cualquier cosa.

Sin embargo, la maestra es todo lo contrario. Quizás también se plantea ese cambio generacional. En cualquier caso, se ven, maestra y niña, dos mujeres independientes.

No hay más personajes que intervengan marcadamente en el libro de tal manera que el lector puede rellenar esos huecos: yo pienso que, como digo y por las pistas son dos personajes autónomos, una económicamente hablando y la otra a nivel mental.

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Pájaros en la cabeza tiene un estilo inocente con unas ilustraciones de Rocío Araya de tipo espontáneas, mezcla de técnicas -recortables, lápiz…- y aportaciones personales de la propia autora -también es la escritora- en algunos collages. Parece un libro muy personal. Ver que el autor pone algo de sí mismo, físicamente hablando, me parece un elemento que genera calidez y cercanía con el lector: porque todos guardamos cartas, notas, papeles sucios que realmente representan nuestros recuerdos  -nuestro pasado- que se hacen muy vivos al mirarlos.

Hay marcas del proceso creativo por todas partes, es una ilustración, digámoslo así, sucia llena de cicatrices. El lector puede pasear agradablemente por las páginas recreando memorias de uno mismo, puedes observar las páginas que parecen usadas como si mucho tiempo hubiera pasado por ellas; puede contemplar el lector porque es un libro para contemplar.

Nos llega la voz de la niña a través de sus preguntas -y en todo el libro-, aunque bien sabemos que es como una niña-adulta. Profesora y niña son dos caras de la misma moneda. La voz de la profesora también la conocemos. No parece exactamente desagradable, simplemente ve las cosas de otro modo.

La maestra que comienza siendo grande con una gran falda roja, acaba siendo dibujada al final del libro con apenas unas líneas negras de contorno, todo lo demás en la doble página está vacío. Porque cuando nos centramos tanto en nuestro horarios, el mundo que se puede respirar, oler, pensar sencillamente no existe.

 Sé en cada momento lo que tengo que hacer.

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