Creo que no me gustaba Winny de Puh. Lo recuerdo como un oso algo pesado y tristón y yo no empatizaba demasiado con lo que veía. No sé por qué no me gustaba, aunque he dado alguna razón ya, porque ni siquiera había leído sus historias y simplemente de pequeña había alguna vez visto la serie (imagino que la de Walt Disney) o más bien en mi recuerdo hay fragmentos de un oso que no me decía mucho pero que quizás vi un día estando enfadada o cambiando los canales de la televisión…

Qué injusto que un niño no sea capaz de entender esta obra o que ni siquiera tenga la oportunidad. Puede que el momento no fuera el idóneo en mi caso o que simplemente la serie no me gustara. En cualquier caso hasta hoy no me doy cuenta del valor de esta lectura, porque primeramente fue libro. Un libro escrito por el autor para su hijo basándose en su osito de peluche. Hasta hoy no he leído esta obra y hoy soy capaz de decir que la literatura infantil hay que leerla, que este libro tiene más de 300 páginas; que la literatura infantil hay que pensarla. Creo que este libro nos enseña, entre otras cosas, a querer a los amigos por lo que son simplemente, porque están ahí, y no por lo que debamos esperar de ellos. Que la amistad es la propia vida y que se basa en un apoyo mutuo.


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Las ilustraciones son de Ernest Howard Shepard; unas ilustraciones que han pasado a la historia y que ya no pueden desligarse de la obra escrita.

Por eso, porque es maravilloso, que este libro no sea muy leído en España no es culpa de Puh ni de ninguno de sus amigos como Porquete o Christopher Robin; y no sé quién tendrá la culpa, pero la verdad es que no entiendo por qué este libro con todas las historias entrañables que guarda no es tremenda e inevitablemente leído por todos. No entiendo por qué no se conoce más y por qué los chicos y chicas de diez años no lo tienen entre sus lecturas porque a mí me da la sensación de que está algo olvidado… Que Winny de Puh este oso sin cerebro que sin embargo tiene tanto que mostrar con toda su humildad está olvidado. Todos los amigos están olvidados y Alan Alexander Milne es más que desconocido en nuestro país.


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Leemos el libro como si estuviéramos leyendo a un niño: hay palabras mal escritas por todas partes y expresiones que solo un niño dice porque no están del todo bien construidas, sin ir más lejos el título de muchos capítulos. El lector implícito es un niño pero como bien se dice en el prólogo: “Estas primeras líneas son para tranquilizar a los adultos que se sorprendan disfrutando inadvertidamente con la lectura de este clásico de la lectura infantil y juvenil”. Hay un doble destinatario y un prólogo dedicado a los adultos donde se deja claro que Los niños no necesitan prólogo. El narrador es omnisciente que empieza siendo el padre más claramente, pero como decíamos habla como un niño focalizándose en el personaje de Puh y de Christopher. Por otro lado hay muchas voces cada una de ellas muy diferenciadas entre sí ya que ninguno de los amigos es igual al otro, son tan diferentes como personas podemos encontrar: el burro es tristón y melancólico dado a la soledad, Porquete es miedoso y muy amigo de sus amigos, Puh es algo lento y demasiado humilde, Conejo es algo pedante y Búho habla como un señor y tiene un poco de mala leche; Tigle es juguetón y valiente… Christopher Robin es un niño normal que va a la escuela pero en este libro se abren las puertas a su mundo de fantasía ayudado por su padre y ocurre que se hace real lo imaginario y todo el resto de la vida de este niño queda relegado a un diálogo al principio del libro donde el niño le pide a su padre que le hable de Puh y de las historias que él mismo ha vivido pero que a veces no se acuerda de ellas.

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Puh es un oso sin cerebro, como decía, así como Porquete, Tigle e Iíyoo el burro que tampoco tienen. Son peluches que cobran vida y que se mueven por el bosque junto a otros amigos animales como Conejo y Búho. Son pequeñitos porque tienen tamaño de peluche y esto en las ilustraciones delicadas y de reducido tamaño puede también apreciarse. En este mundo el más alto es Christopher. Puh es humilde y amoroso y parece ser que hay gente que tanto amor le empalaga. Yo pienso que el amor y la bondad no pueden cansar a no ser que nos hayamos vuelto demasiado rancios (cuyos motivos pueden estar perfectamente justificados, en eso no me meto).

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Es un libro sobre la amistad y en concreto sobre la amistad en las diferencias porque ninguno de los amigos es igual al otro y sin embargo todos tienen ganas de verse constantemente y se respetan aprendiendo de los demás y cambiando en la medida de sus posibilidades para mejor. Su mundo es pequeño y simple pero ¿acaso no es ese el punto de la felicidad? Ellos tienen su bosque y cada uno su casita en él y comen miel y otros frutos que el bosque da y este es su espacio y sus límites y viven de manera armoniosa, cuanto menos ellos están hechos para el niño y por lo tanto en la medida que este les necesita ahí estarán siempre.