Título: Piara
Editado por Narval, noviembre 2016
Ilustraciones de Patricia Metola Escrito por Mónica Rodríguez


Me gustan los libros para niños donde no todo es bueno, aunque también es cierto que no comprendo tampoco buscar lo malo solo porque la vida sea así, porque hay personas que tienen una vida bastante plácida. Eso me parece bastante relativo. Pero Piara me ha sorprendido porque me imaginaba un libro sensible y poético completamente agradable pero va más allá todavía y tiene de todo Piara, tiene mucha verdad e incluye la muerte como parte de esa verdad, pero todo es plácido al mismo tiempo. Y en este caso me parece que hace redonda la historia. Es una historia que ni es triste ni es alegre pero tiene tristeza y alegría, tiene amor, el primer amor, y la espontaneidad de la vida vivida en el campo donde todo es más instintivo y primitivo y visceral. Es una historia campechana llena de referencias a las vivencias en el campo; es un canto a la sencillez y al cariño por todos los animales pero de un modo más profundo e íntimo que otros libros para niños. Es un libro que si tuviera un niño cerca me encantaría que leyera para ver qué siente porque creo que indirectamente puede enseñar un camino a los más pequeños muy poderoso: y es que ser sensibles es bueno, que querer cuidar de la naturaleza también, que no pasa nada por no estar siempre contentos, que los niños también sienten lo que los adultos, esa tristeza y sentido de la vida… Todo es a través de Ángela.

img-20161120-wa0009

Porque Piara es un libro que ya como el título suena se desarrolla en el campo y concretamente en una dehesa con cerdos, en una granja donde vive Ángela con su familia compuesta por sus padres y sus tíos que se dedican todos a labores típicas de los pueblos, en este caso sin contar nada relacionado con el turismo. Ángela suele ir con los cerdos a la dehesa a pasear con ellos y cuidarles y se conoce todos sus nombres. Les entiende y quiere ser de mayor veterinaria. Es una niña muy maja y madura, observadora, silenciosa, natural a la que no le gusta estar guapa porque ella se siente cómoda y atractiva siendo ella misma, algo sucia, desarreglada, ama la naturaleza, ama el pueblo, y tiene una gran personalidad que enamora. La verdad que dan ganas al acabar Piara de leer más cosas sobre la niña Ángela y su manera de  ver el mundo. La voz narrativa es la de esta niña ya de mayor y entre todo ese campo aparece otro niño como ella llamado Pedro. Y también está el percherón, Membrillo, Garufo, Romina, Juana, la tía Guillermina, el pollo sin plumas…


img-20161120-wa0012


Patricia Metola pone ese misterio cálido a la historia, esa poesía sutil que tiene Ángela. El amarillo y el negro son predominantes en las ilustraciones. Quizás no todos puedan sentirlo pero nosotros que hemos pasado tiempo en nuestro pueblo de niños, precisamente en Extremadura, podemos captar esa oscuridad de los pueblos frente a la luminosidad por la noche de las ciudades. Esa especie de miedo a lo que no se controla que es el que te da estar en una dehesa o en un casa en medio del campo. Todo se simplifica y se vuelve a los esencial, el frío se nota más y el calor, que en las ciudades se pierde y solo llega el resultado de un trabajo secreto en la tierra. En los pueblos también la muerte suele estar más aceptada, los animales que se tienen mueren o los salvajes se depredan, ese el ciclo de la vida. Y los más pequeños no temen a la muerte como en las ciudades que suele ser tabú. Suena a tópico porque habrá de todo en cada sitio pero por experiencias propias así lo creemos.