Según voy leyendo más y más libros de literatura infantil y juvenil me doy cuenta de que esta a veces solo funciona cuando tiene algo oscuro entre manos o por lo menos guardado en algún bolsillo. A veces no neceriamente oscuro, pero sí encerrando algún tipo de misterio, aunque este sea bueno y con luz, que haga al lector tener que ser partícipe en la lectura para desentrañar lo oculto, para entender todo lo que ocurre en esta historia. Porque si no la lectura sería más bien un contemplar a los demás en lugar de un suceso donde existimos nosotros también.


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He leído Nana de tela y me ha parecido un libro muy nostálgico cargado de simbolismo, y me ha recordado a mi reciente lectura del cuento de La tejedora de Marina Colasanti. Y ya no sólo en la presencia en ambos del acto de tejer sino en el tono poético y en los temas que ambos tienen presentes: la fuerza de las mujeres como creadoras de vida, de vida que va unida a la naturaleza y la capacidad de los personajes para sobreponerse a los problemas y tomar el control de sus vidas a través del arte. Y en ambos casos el tejer es la vida misma, define, forma parte de lo es que es el personaje. En Nana de tela tanto en el caso de la madre como de la hija, Louise. La voz narrativa omnisciente del álbum que también tiene el olor dulce y susurrante de La tejedora llega a decir: “Tejer era su manera de sanar”. Se mezcla la ficción del relato con la vida en la que se basa.


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En este álbum ilustrado por Isabelle Arsenault y escrito por Amy Novesky, se cuenta la vida de Louise Bourgeois una artista, especialmente escultora, que vivió una infancia que le marcó el resto de su vida, una infancia cerca de la naturaleza, del río , en el campo, junto al oficio de su madre que era restaurada de tapices y su familia tenía un taller de restauración de tapices; en palabras de la misma Louise que podemos leer en este álbum (al final encontramos una nota de la escritora Amy donde habla de Louise, así como citas y fuentes de ella que salen en el álbum): “La magia de mi infancia no se perdió nunca. Nunca se perdió su misterio. Ni se perdió su dramatismo”.


El lector implícito es un niño o una niña aunque de alguna forma creo que también lo es un adolescente y un adulto. No estoy muy segura de si tantos padres querrán leer un libro donde acontece la muerte de una madre y sobre la vida que encierra pesadumbres a un niño o niña porque también es verdad que la vida encierra muchas otras cosas buenas y a veces las familias prefieren quitar los libros tristes. No obstante creo que La pequeña Impedimenta trabaja con la reflexión y las historias que sí merecen existir (está es un vivo ejemplo), no como tantas otras que hay, y los padres quizás deban dar un paso y ver a sus hijos como animales necesitados de verdad. Creo, hablando de nuevo del contenido del álbum, que las infancias en la naturaleza son más felices o por lo menos más significativas que en la ciudad. Son más duras porque al final la naturaleza te muestra que no siempre es tierna pero son tremendamente vitales los momentos de los niños en el campo. Ayer acabé de leer Paira de Narval y en este sentido hay conexiones entre ambas historias. Quizás se esté produciendo un cambio en la LIJ donde la tristeza bella mostrada a los niños invita a estos a ser más más alegres y conscientes en sus vidas, en lugar de lo que se cree.


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Es un libro sobre los recuerdos que nos hacen ser como somos y siempre vienen con nosotros y sobre la relación que se establece entre madre e hija. Las madres son en tantas familias ese elemento que mantiene todo cosido. En este álbum se establece la metáfora entra la madre y la araña porque para el personaje en el que se basa la historia, Louise, su madre era como una araña que lejos de darnos miedo simplemente reparada, sanaba lo que tocaba. El pueblo, las casas dispersas, las flores, los árboles, el río, los telares… Arsenault destaca elementos fundamentales en la infancia de Louise, ilustrando de un modo disperso con formas y técnicas distintas y a la vez todo tan bello a los ojos del lector. Y aparece un padre en color negro y se le menciona como que plantó álamos… Está dicho de tal modo en el libro que algo parece no encajar. Tendréis que verlo en el libro para entenderlo mejor.

En la fértil orilla del río  brotó

un jardín,  y en él Louise y su familia

cultivaron geranios, peonías, esparragueras

y cerezos. Manzanos y perales,

tamariscos violáceos, espinos de

flores rosas y aromáticas madreselvas.

        Su padre plantó álamos

        a ambos lados del río

Y es desconcertante este personaje y quizás tenga que ver con la parte dramática de la vida de Louise Bourgeois.


Editorial: Impedimenta, septiembre 2016

Título original: Cloth Lullaby. The woven life of Louise Bourgeois

Traducción: Pilar Adón

Comprado en: Librería Jarcha

La edición es PRECIOSA cosa que creo es muy destacable porque no sólo compra el lector un texto y unas ilustraciones que hacen una narración. Las páginas tienen un tacto consistente, grueso sin brillos con una encuadernación de estilo muy artesanal con el lomo en tela con la información en color plata marcadas. Se juega con los sentidos, uniendo la música que escuchamos con la tipografía del título que es fina, recta y larga como las patas de una araña que tienen que ver con la tela que tiene que ver con el tacto. La flores que se huelen también aparecen en la portada y ese color de las flores sigue a Louise a lo largo del álbum, son rojizas, como su vestido.

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