Quiero hacer una reflexión sobre un asunto que ha ocurrido mientras en España la mayoría estábamos metidos en la camita, quizás con dulces sueños: un señor extraño, que da miedo porque es como antipático y mira mal, es presidente de los EEUU (un país que al parecer manda en todo el mundo). Porque aunque no quiera, afecta; porque afecta a los bosques que uno quiere y afecta a la cultura como expresión hombre-naturaleza, afecta a la literatura que hace ver y cuyos contenidos son la antítesis de personas como él.


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Cuando en la cabeza no se tienen pájaros sino el poder y la destrucción. Dibujo de Tetsuhiro Wakabayashi.

Y esta introducción no transmite, quizás, el dolor que siento porque sé que él no siente de la misma manera que yo y lo veo en sus ojos y lo veo en su cara y en todo su aspecto salvajemente artificial y poco profesional (porque sí, esta gente se ve seria y para mí son la incertidumbre) que no entiende la naturaleza, que la desconoce, que no la respeta, al igual que no respeta a extranjeros o a mujeres… Pero yo me centro en un bien común que nos trasciende, preciado y casi eterno que requiere no de nuestro cuidado sino de nuestro perdón; que ahora parece que queríamos (digo los gobiernos, porque otros lo llevamos haciendo tiempo) empezar a no seguir dañándola (únicamente porque nos vemos jodidos, claro).

Y ahora… ¿Y si este hombre lo manda todo a la mierda? Es que yo he visto un vídeo de él con un gran pájaro atado a una pata en su despacho y él riéndose. Es que da miedo. Es que quiere hacer un muro raro para separarse de México lo cual es terrible además para el ecosistema. Es que con las energías más contaminantes quiere hacer oro.

Es que yo he visto en mi país cómo los locos eran los cuerdos y cómo los cuerdos eran tomados por locos y por qué… Pues porque no llevaban trajecito y corbatita y no habían destruido lo que habían pillado para hacerse ricos especulando. Yo lo siento pero yo no respeto el traje por costumbre, sino a las personas, a su esfuerzo y su coraje, a su inteligencia, a su compromiso con lo que de verdad importa, a la bondad, al cariño, a la naturalidad. A mí ya no me venden ninguna mentira porque yo sé lo que vale la pena. Y sé que no tengo que entrar por esos aros, que eso es falso, que existen maneras de entender la vida. Y yo no pienso ser como ellos.


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Un laaargo paseo lleno de un color extraño y luego los árboles en la ciudad están feos. Ya.

Estoy desconcertada. ¿Cómo es que hay tanta gente que vota de una manera tan bestia? Es porque hay personas que están completamente alineadas, desnaturalizadas, se han convertido casi en maquinitas, son artificiales. Y lo veo, lo veo en mi barrio cuando voy paseando un día de lluvia, el otro día, y veo todos, repito TODOS, los árboles de un largo paseo con los alcorques de color sangre, asqueroso… Y todo por los cigarros de la gente que los tiran sobre ellos. ¿Qué podemos pedir cuando la gente va tan zumbada que no se fijaría ni en un vertido de fuel en la playa por donde pasa? Las personas no solo no se fijaban en que su mierda se filtraba por la tierra a los árboles, sino que iban con bolsas llenas de ropa comprada en me la sopla dónde y hecha como sea mientras sea un dos por uno, hablando de cualquier, lo siento, pero de cualquier subnormalidad.

Es frustración porque somos animales. Y hemos perdido el instinto natural de sentir a la naturaleza y nos pueden rodear de asfalto sin un solo árbol que no nos enteraremos de que pasa nada raro. Mientras haya aire y mientras haya un psicólogo cerquita y otros profesionales que cubren las necesidades que nos genera la falta de amor… Si es que… Es que no puede ser. La culpa no es de ese señor que no es más que un señor cualquiera para mí en el mundo, ese Donald Trump, la culpa es de la gente, de la sociedad, que parece que hay diversos caminos que las personas escogemos y que cuando se encauza el absurdo enajenado este ya puede hablar uno de conservación, de no tirar todo al suelo, que están liados en la relación entre dinero y naturaleza igual a terreno; pero hay otros caminos y las personas podemos ser maravillosas.

Somos muchos los que sabemos que la naturaleza, los bosques, es lo mejor que hay porque esa es la vida, y nos sentimos parte de los bosques e intentamos entenderlos y maravillarnos con sus otoños, sus paisajes… Somos muchos los que nos pararíamos a mirar unos alcorques sangrando y los que a pesar de las personas que no se enteran, seguimos por lo menos luchando a nuestra manera porque lo que tenemos cerca no se destruya por causa de otros sin mínimos conocimientos ni sensibilidad que siguen creyendo que el crecimiento es posible y que construir cimientos es algo literal.

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