Desde este lunes día 12 de septiembre he comenzado a ojear por los rincones virtuales del máster en libros y literatura infantil y juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona que ha empezado ya junto con las primeras lluvias de otoño en mi ciudad, Madrid. Por fin.

La verdad es que cuando decides especializarte en algo ese algo se vuelve grande, muy grande, e intentas buscar algo más pequeñito, más específico a lo que agarrarte: porque todo conocimiento es grande cuando lo ves con la lupa, creo yo, la lupa que te pone en la mano el decidir mirarlo desde cerca: venga. Es como una placa de estas al microscopio, de repente ahí hay un territorio altamente poblado para ti, pero en este caso tú no eres mucho más grande que lo que miras.


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De momento he visto poco pero lo poco que me he asomado me he dado cuenta de que quizás lo que más me gusta es la historia de la narrativa, los mitos, las primeras hadas y brujas y todos los cuentos que parecen tener su origen en el principio de todos los tiempos, siempre hay una historia más remota… Me gusta porque al principio no entiendo nada y de repente todo se me descubre.

Que la literatura infantil y juvenil no nació como tal sino que las primeras historias como el Robinson Crusoe simplemente eran para adultos y los niños las encajaron bien. Se trataba de una manera de escribir menos truculenta pero no se pensaba que fueran libros para niños de entre 8 a 10 años.

Cuando una buena historia nace uno se da cuenta de que significa muchas cosas y de que hace guiños, referencias a personajes o aventuras pasadas. Creo que ver la LIJ desde este punto de vista es encantador.

Yo sé muy poco ahora mismo, pero sé que en la universidad donde estudié el doble grado en periodismo y comunicación audiovisual asignaturas como narración audiovial y otras similares como guión audiovisual me motivaron mucho, me fascinaba todo lo que sabía la profesora (porque ese tema me gustaba, claro) y que siempre me ha gustado escuchar toda la estructura interna de ese cuento, cómo de repente aparece el mito del héroe, por ejemplo. Entender que un tren entrando por un túnel tiene connotaciones sexuales, que existe la catarsis, que hay una lucha interna entre lo salvaje y lo civilizado, el mal y el bien, la libertad y el claustro y que el héroe debe viajar, hacer un viaje iniciático, para retornar y que el amor es salvador… Que cada escena puede estar cargada de significado desconocido a simple vista. Y algún compañero decía al profesor: “Pero a ver, eso te lo estás inventado tú”.

Muchas ideas fluyen y poco sé como digo, pero la verdad es que la LIJ, como todo campo posible, una vez te aproximas un poco te das cuenta de que puedes hacerlo de la forma que tú interiormente lo has sentido, porque ya hay otros que lo han hecho antes y que uno lleva su pequeño bagaje detrás, que si algo te gusta lo vas a buscar en todo lo que haces, con una lupa todavía más potente encontrarás esa partícula que de momento no se puede descomponer más.

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