Este es uno de los libros que llevábamos tiempo queriendo tener en nuestra librería. Y por fin lo tenemos en casa… Lo hemos estado leyendo y la historia, aunque el tema ya es conocido (pero, ¿no es cierto que describe nuestra época?), es una narración necesaria que trata la problemática de la inmigración desde el punto de vista de unos niños, una que llega y otro que recibe, Alma y Otto. Y no hay muchos lugares comunes en Alma y la isla. Escrito por Mónica Rodríguez e ilustrado por Ester García


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La historia es asombrosa por lo bien adaptada que está para muchos lectores de todas edades, a la vez que es dura, no es inocente ni busca finales extremadamente felices; es una historia real, inspiradora, donde hay, especialmente, mucho mucho amor. Pero un amor creíble donde para querer primeramente hay que “enfrentarse” a lo que la otra persona es, eso es querer a fin de cuentas. Alma es una niña que llega de África de una forma muy precaria, como muchos sabemos, pero a veces, vemos únicamente de refilón y no de frente a esta realidad.


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Es una novela breve con unas ilustraciones evocadoras, respetuosas con la historia que crean una obra de estas que seguro, no pasa el tiempo por ella. Es un libro que ante todo busca entender a los que llegan sin, por ello pretender, que los que reciben no tengan prejuicios porque esto no es así, especialmente los niños que no tienen filtros y son más transparentes. Finalmente esos prejuicios, ese desconocimiento y extrañeza, cuando los corazones son buenos, en el fondo no impide, incluso al contrario (porque a veces el rechazo precisamente no significa indiferencia), que el cariño aflore cuando las almas se entienden. Este libro ha sido el ganador del XIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. Editado por Anaya.


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Alma ha llegado del mar. Otto no entiende su idioma y, desde que está en su casa y le ha tenido que dejar su habitación, se siente desplazado. La atención de sus padres, su abuela y hermanos ahora se dirige a Alma. Y a Otto, el pequeño de la familia, esto no le hace mucha gracia.

A pesar de todo, la comunicación entre ambos irá más allá de las palabras y la amistad trascenderá la distancia que aparece en un primer momento.

Gracias a la presencia de un amuleto, Otto entenderá mejor el origen de Almaz Sebhat, el verdadero nombre de la niña que vino del mar.