Comparto en la tarde de hoy un poema de Luis García Montero, que ya en otras ocasiones hemos hablado de él. Un poema del poemario Habitaciones separadas publicado en 1994, el cual recomendamos. Vamos a acompañarlo con el trabajo de Caroline Alkire.


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El lector

Al volver,

burocráticos hombres con cartera

descansan un momento.

Hay un rumor de luces suspendidas,

una dispersa claridad de voces,

y en la tarde se abren

los pájaros en fuga,

el coro de las madres y de las bicicletas,

un músico ambulante.

La vida rutinaria es esta mansedumbre

de gente que se llama, se besa, se despide,

mientras el sol incendia las fachadas

y se apaga en el agua de la fuente,

en la botella del mendigo.

*

Está la plaza llena todavía.

Desde el balcón, sentado con un libro,

comparto en soledad la jubilosa

caída de la tarde.

Después habrá un misterio en cada esquina,

un silencio de tilos y de sombras.

Descenderá la noche

saltando como un gato de ojos brillantísimos

y por el decorado de la plaza,

lejos ya del rumor de los talleres,

veré cruzar extrañas siluetas,

un loco en su caballo,

un monarca asesino,

una mujer adúltera de sueños descompuestos,

el sabio que ha vendido su alma, detectives

cargados de derrota,

piratas infernales

y también

burocráticos seres con cartera

que esconden en su vida rutinaria

un estrangulador,

un resistente

de guerras y ciudades sometidas

o tal vez un poeta.

*

En mitad de la plaza hay alguien que se vuelve

y levanta los ojos

para buscar la luz en mi ventana,

el faro de la noche y sus fantasmas.


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