Este fin de semana enmarcaba el Día Internacional del Libro, el 23 de abril como ya se sabe (además en esta ocasión también se cumplen los 400 años de la muerte de Cervantes, os recomendamos ir a visitar la exposición de la BNE); se ha pasado muy rápido y teníamos pendiente desde el mismo día viernes que ya se realizaron muchas actividades de vísperas, escribir algo, pero finalmente no hemos podido; es verdad que queríamos relajarnos un poco. Ahora sí. El viernes estuvimos en la Librería Rafael Alberti (donde casualmente su propietaria, Lola Larumbe, cumple años el 23 de abril) y disfrutamos mucho la tarde escuchando a Luis García Montero, a Manuel Vicent y a Jesús Marchamalo este último que hacía de moderador entre estos dos autores (no sabíamos muy bien cómo iba a estar planteada la cosa), un Marchamalo que nos pareció muy majo, desde luego él se lo estaba pasando en grande. Creemos que muchos de los poemas de Montero pueden ser leídos por adolescentes, al igual que muchas novelas de Vicent. Además la LIJ también necesita relacionarse con buenos escritores, sin más.


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En librerías especializadas en LIJ como Liberespacio se llevó a cabo el cuentacuentos y taller creativo El hombre bala donde la propia ilustradora del libro, Celia Sacido, estuvo presente. Además, también se realizó un taller creativo con Nono Granero para enseñar a crear un libro ilustrado. Andrés Guerrero también visitó Liberespacio con anécdotas de su personaje Superpegote y dibujó en vivo. Asimismo, en la librería Kirikú y la bruja del 12 al 24 de abril estuvieron en la Plaza de Santa Ana con un grupo de libreros en la I Feria del libro Miguel de Cervantes. 400 años de literatura española. En estos días se han llevado a cabo en la plaza tertulias, presentaciones de libros… En la librería Venir a cuento se realizó un taller de historia para niños.

En el coloquio en la Alberti los autores, Vicent y Montero, hablaron de su historia como lectores, de anécdotas muy divertidas siempre con el recuerdo presente, un aire de un tiempo pasado y una poco sintonía con muchos de los cambios del presente, y hablaron de otras cosas más duras pero que el paso del tiempo las ha suavizado algo, quizás al menos para nosotros que no vivimos la posguerra pudiendo ellos sentir de cerca la Guerra Civil como es el caso del poeta granadino, viviendo sus consecuencias… Un Luis García Montero que parece tan buena persona, más de lo que ya me parecía, y un Manuel Vicent que me resultó más ácido de lo que me imaginaba, con un humor más escabroso de lo que me imaginaba también, más atrevido, aunque he leído muchos de sus libros como Son de mar, Tranvía a la Malvarrosa, El azar de la mujer rubia, pero me sorprendió. Hablaron de Lorca, de Alberti, de Dámaso Alonso, de Cela, de Espronceda, de sus padres, cada uno con su estilo, muy diferentes entre sí: Montero sentido, sentimental, Vicent algo turbulento y poco dado a sentimentalismos.


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Recordaron que había un hombre de la falange en Granada, creo recordar que jefe, que siendo ya un borracho y habiendo bebido de más ese día, no paraba de repetir Lo siento Federico, y esto lo escuchó Vicent un día que se topó con este hombre en un bar, si tampoco recuerdo mal; o cómo García Montero que sentía desde pequeño los poemas de Espronceda que pudo leer en su casa, y de alguna manera hizo suya esa poesía y a él el protagonista total de La canción del pirata, así, iba repitiendo algunos fragmentos Y la vida por perdida ya la di cuando el yugo del esclavo, como un bravo, sacudí, cuando llegaba tarde a casa por la noche; y cómo García Montero admiró siempre a un Lorca que no conoció, y fue amigo de un Alberti que sí le había conocido, un Alberti sobre el cual conserva un libro muy especial en la biblioteca de su casa en el centro de Madrid y dice que lo más importante que le enseñó Rafael fue el tomar en serio a los jóvenes, como este tomó a Montero cuando le conoció siendo jovencito.


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También contó Vicent una anécdota muy divertida. Resulta que un día a raíz de unos perfiles sobre personajes que estaba escribiendo Vicent fue a casa de Dámaso Alonso a visitarle y conocerle un poco mejor. En esto que llega a un chalet lleno, desbordante de libros por todas partes, hasta en el baño, las mesas medio deformes por el peso de tantos libros. Y bueno, se sienta con él y le pregunta que en un día normal qué es lo que Dámaso hace y este le responde que se levanta, se asea, desayuna, y le dice: “ve esa puerta de ahí”… “Pues voy ahí y me planto para que no entre un puto libro más en esta casa”. La tarde estuvo interesante y pudimos conocer las dos novedades de estos autores: Balada en la muerte de la poesía (Visor libros) y Los últimos mohicanos (Alfaguara).


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Algo que nos encantó de la Alberti es su sección infantil y juvenil, encontramos libros que no conocíamos como El maravilloso MINI-PELI-COSO (Combel) y otros que tenemos ganas de tener por nuestra librería como Pipi Calzaslargas (Blackie Books) o Mundinovi (Faktoria K). También nos topamos con Un dragón llamado Zipo del cual hablamos hace poco, y con Tania Val de Lumbre que tenemos tantas ganas de tener.


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Dejamos claro que las anécdotas o comentarios sobre lo que dijeron los autores los escribimos de lo que recordamos y es posible que no sean las palabras exactamente las mismas, con lo que siempre habrá que remitirse a los autores que lo comentaron.