Tenemos que hablaros de un libro del que estamos enamorados, que cuando alguien nos pregunta sobre algún libro que esté guay para leer, nosotros le respondemos: Marcelín de Sempé. Y no solo es que esté guay, es que está maravillosamente guay. Es un libro precioso, tierno, sincero, sin complejos; es un libro sobre la amistad verdadera. Es un libro sobre dos personas que se quieren y que hacen suyas las peculiaridades del otro en lugar de verlas como algo ajeno.

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Marcelín es un niño que se sonroja sin saber por qué. Además de sonrojarse sin causa aparente, precisamente no lo hace cuando tiene vergüenza o miedo, sino que se pone colorado en un momento sí y en el otro no, y así constantemente. Marcelín es un niño bueno, querido por sus compañeros y por su familia, pero siempre que se pone rojo se lo recuerdan, porque todos los demás no conocen a Marcelín realmente: conocer o querer conocer supone terminar de asumir todo lo que una persona es y encantarte. Para todos los demás cuando Marcelín se pone rojo es un suceso curioso que necesitan constantemente comentar y buscar una solución al problema.

Sin embargo, conocer a Renato supone para Marcelín un acontecimiento único e irrepetible. Ellos se entienden. Tampoco saben por qué les pasa lo que les pasa, pero entienden ellos que son así, que eso que les pasa no es más que un así somos nosotros, y esto lo entienden el uno del otro de un modo casi inconsciente. Ellos se preguntan sobre sí mismos que por qué será, pero en el fondo de ellos mismos saben que es como preguntarse sobre cualquier cosa de nosotros que es parte de lo que nos define.


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Y es que Renato resulta que si Marcelín enrojece sin causa, este estornuda también sin estar acatarrado ni nada que se le parezca. Y a ambos les parece de lo más entrañable esta singular característica del otro, su nuevo amigo les parece especial, perfecto, divertido, bueno. Se sienten tremendamente orgullosos el uno del otro. Y se lo pasan genial juntos, jamás se aburren, y no siempre están haciendo algo, muchas veces juegan, pero otras simplemente se lo pasan bien estando uno al lado del otro.

Pero se hacen mayores. No, el pero no es ese, el pero es que un día determinado Renato se muda de casa y Marcelín no le oye estornudar como siempre (hasta por las noches le encanta escucharle), es su vecino… Resulta que su familia se ha mudado… Y le ha dejado una carta… Pero los padres de Marcelín, como muchos adultos siempre tan ocupados en cosas muy importantes, no tienen tiempo para buscarla… Nunca aparece. Y ellos dejan de verse muchos muchos años…


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Tampoco queremos, ni mucho menos, desvelaros la historia completa, pero por mucho que digamos, siempre habrá que leerla para que cada uno pueda sentir qué significa para él una historia de amistad como esta, una muy buena historia de amistad, plagada de sencillez, donde el ilustrador Sempé hace una obrita de arte, casi parece sin darse cuenta, con la simpleza de los pequeños momentos.


Le contó a Marcelín que aquellos inoportunos estornudos le complicaban bastante la vida (como cuando estornudó durante una actuación en que tocó para personas mayores en los salones de la señora Remartínez, cuyas veladas musicales gozaban de muy alta estimación en Villajeros de los Infantes (…)


Sempé hace una obra plenamente libre, plagada de personalidad, destinada a ser eterna, a no pasar de moda porque en ella solo está lo importante, sin lugares comunes, ni épocas precisas, cuenta de forma universal, cuenta desde el corazón, sin vergüenza algo precioso para que seamos nosotros los que nos sonrojemos por no haber visto más allá de nuestras narices muchas veces, por no habernos mostrado plagados de verdad, con todos nuestros  sentimientos a flor de piel e ilusión hacia el otro. Por quizás no haber valorado suficiente las amistades que a fin de cuentas no son más que puro amor por la otra persona. El personaje de Marcelín gustará siempre. Es en sí mismo el valor de la amistad.


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De todas formas siempre hay tiempo, como Renato y Marcelín que sí, como todos desearíamos, se vuelven a encontrar llenos de amor el uno por el otro muchos años después. Sempé es uno de los grandes ilustradores contemporáneos, nacido en 1932. En Marcelín ilustra y escribe y a nosotros nos ha llegado en castellano a través de la traducción de Miguel Azaola. El libro está editado por Blackie Books, recién salido a librerías este mes de marzo.

Esta editorial goza de una salud estupenda, al menos en cuanto a los libros que nos llegan a nosotros. Obras plagadas de la marca de Blackie como una perrita cuando deja su olor por donde va. Los libros de Blackie siempre pueden reconocerse y esto nos gusta mucho, además que se reconocen para bien porque la edición, la manera de editar las obras nos parece que crea una obra superior a la que sería la que está en el interior solamente. Estamos muy orgullos de tener una editorial de estas características y que selecciona con tanto acierto, para siempre poder llegar a decirte algo verdadero, en nuestro panorama nacional.


Marcelín es un niño como cualquier otro, pero padece una curiosa molestia: se sonroja sin ningún motivo. Y no sabe por qué. Un buen día conoce a Renato, que también tiene una curiosa molestia: estornuda sin ninguna razón. Y no sabe por qué. Es amistad a primera vista.

Entre sonrojos y estornudos, se hacen inseparables. Pero un día la familia de Renato se muda…

La prosa y el lápiz del maestro Sempé se unen en este delicioso y delicado himno a la amistad.


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Este libro también nos dice que la amistad verdadera no se cambia por otra, que cuando quieres a una persona es a esa persona a la que quieres, que es irremplazable y que la amistad no es ahora unos amigos y después otros, sino reconocer hasta el fondo a una persona a la que quieres con locura. Que cada amistad es única, cada persona única, un amigo siempre tiene algo especial, como la rojez de Marcelín; cada amistad es diferente pero nunca la misma. Es este un libro de tamaño mediano y no excesivamente grueso ni fino, más majo…