Tratar en un libro infantil una enfermedad como el Alzheimer o la pérdida de memoria es complicado. Más complicado es hacerlo bien, aprovechando los síntomas de esta enfermedad como hechos simpáticos desde la visión de un niño, que le hagan entender la necesidad que tienen las personas que la padecen de que las ayuden. “Creo que Los despistes del abuelo Pedro es un libro valiente por tocar una temática tan difícil como la enfermedad de Alzhéimer”, según nos decía el propio ilustrador de este libro Miguel Ángel Díez. En este libro, Los despistes del abuelo Pedro, la escritora Marta Zafrilla aprovecha las graciosas confusiones del abuelo Pedro para dar a exponer algunos de los problemas que sufre la gente mayor con esta enfermedad. La familia es muy importante y es algo que tras leer el libro se entiende de maravilla.

Los despistes del abuelo Pedro

Óscar es el nieto de Pedro. Tiene 7 años 2 meses y diez días. Él es el que pasa más tiempo con Pedro ayudándole a recordar: juntos ponen cartelitos por la casa con los nombres de las cosas, hacen los deberes juntos, los de Óscar y los que el médico le ha recomendado a Pedro. De pronto es como si Óscar tuviera un hermano y juntos se ayudaran a aprender; los números, las provincias o las palabras. Miguel Ángel nos comenta que el proyecto se lo propuso Ana Eulate y que “al principio era algo reacio dado que ya antes había ilustrado otro libro sobre el mismo motivo titulado Mi abuelo Simón lo sabe. Pero, tras leer el texto de Marta Zafrilla, muy diferente en la tonalidad, me decidí a ilustrarlo. El primero es muy poético y este segundo, muy amable y hasta divertido”.

 

La editorial que ha hecho posible este genial libro de Los despistes del abuelo Pedro es Cuento de Luz y la mano del ilustrador que ha hecho del texto de Marta Zafrilla una historia cargada de simpatía y color es Miguel Ángel Díez, como decíamos. Sus ilustraciones nos encantan, y cuando se juntan con un texto alegre como este se consigue un libro magnífico.

[…] el abuelo había metido un pollo en la lavadora, asado un jersey y planchado un lenguado ¡y no precisamente en la sartén!

Es estupendo leer estos momentos de compañía entre nieto y abuelo. Ambos aprendiendo, conociéndose, haciéndose la vida más llevadera con amor de familia.

Libros como Los despistes del abuelo Pedro nos gustan, tienen algo complicado y necesario que contar. Sacarnos una sonrisa sabiendo del problema que se está tratando es precioso, ya que se hace desde el cariño hacia estas personas. Es un pequeño homenaje a ellos y a sus familias.

Los despistes del abuelo Pedro III