Miguel Ángel Díez es un ilustrador que nosotros conocimos hace algún tiempo, a través del encuentro con el libro El pastor de nubes, donde también encontramos a un buen escritor, Pedro Villar. Un libro precioso que siempre que podemos recomendamos.


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Desde Estela, publicado en 2007 por la editorial Thule y escrito por Pablo Albo, hasta Cuentos como pulgas editado por Kalandraka y escrito por Beatriz Osés (Premio Lazarillo de creación literaria 2006), han pasado otras tantas historias ilustradas por Miguel Ángel como Los despistes del abuelo Pedro (Cuento de luz, 2012), Bruja bruja (Sleepyslaps, 2011), La lechera (Edelvives, 2011), El hombre del saco, Me llamo barro, Debajo de la higuera no hay ningún tesoro, y el ya mencionado El pastor de nubes, entre otros, lo que hacen de este amante del cómic nacido en Alicante uno de los ilustradores más importantes de nuestro país.


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Nos parece que la obra de Miguel Ángel Díez está pensada para acompañar, ir de la mano, complementarse con un tipo de literatura más unida a la reflexión, al interior, al fondo. Una literatura con cierta poesía, una literatura con potencial para tener una atmósfera soñadora, significativa, y que debe escaparse, por tanto, de una mano que sepa escribir algo bonito. Nos parece que en todos sus libros consigue dejar su magia y que no se limita a entender al escritor, sino que se crea una verdadera obra nueva a partir de la fusión de texto y dibujo, y esa obra nueva suele parecer esconder algo misterioso.


P. ¿Cuáles son tus referentes?

  • R. A lo largo de mi vida he bebido de fuentes completamente diferentes entre ellas y, paradójicamente, alejadas de la literatura infantil. Hasta que no ilustré mi primer libro, en el año 2007, la ilustración era un mundo bastante desconocido para mí (y sigue siéndolo). Como gran consumidor de literatura, cine o cómics, casi todas mis influencias provienen de ahí. Y créeme, la lista es muy extensa. Desde la pintura renacentista holandesa hasta los cómics de Winsor McCay.

P. En Los despistes del abuelo Pedro, ¿cómo nació el proyecto? 

  • R. Creo que Los despistes del abuelo Pedro es un libro valiente por tocar una temática tan difícil como la enfermedad de Alzhéimer. El proyecto me lo propuso Ana Eulate, editora de Cuento de Luz. Al principio era algo reacio dado que ya antes había ilustrado otro libro sobre el mismo motivo titulado Mi abuelo Simón lo sabe. Pero, tras leer el texto de Marta Zafrilla, muy diferente en la tonalidad, me decidí a ilustrarlo. El primero es muy poético y este segundo, muy amable y hasta divertido.

P. ¿Sueles utilizar una técnica concreta en la mayoría de tus ilustraciones?

  • R. Sí. La base de mi trabajo a color se fundamenta en el uso y abuso de pinturas acrílicas y acuarelas de diferentes tipos. Además, cada vez empleo más los lápices de colores. Esos llamados “acuarelables”. Lo que me llama menos la atención es el ordenador. En realidad mi forma de trabajar, poco original, es muy pictórica en la forma y en el fondo.

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P. Por curiosidad, ¿crees que tienes alguna gama de colores y que te cuesta salir de la misma?

  • R. Me temo que sí, aún así intento variar la gama de colores dependiendo del tipo de trabajo. Mi intención es que esa gama se adapte al espíritu de la historia. Cosa bien distinta es que acierte. Y tengo varios trabajos que así lo atestiguan. Reconozco que, por naturaleza, tiendo a dar un tono oscuro a las ilustraciones. Aunque es algo que he ido modificando a lo largo del tiempo.

P. La expresión de tus personas es algo que te diferencia, a nuestra opinión, de otros ilustradores. Cómo crees o qué pretendes o qué sientes a la hora de dibujar estos rostros, incluso los ambientes, vestuario…

  • R. Si hay algo que me gusta dibujar, por encima de todo, es la figura humana. Me divierte convertir las ilustraciones en pequeños teatrillos o platós de cine donde son los “actores” quienes llevan el peso de la historia. Y para ello, la expresividad es un arma fundamental. Supongo que para ese manejo de la expresión me ha ayudado mi experiencia previa dibujando cómics. En un cómic, donde el dibujo “puro” tiene mayor relevancia, el gesto es una parte esencial.

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P. En la novela gráfica Cuánta tierra necesita un hombre, ¿cómo afrontaste la adaptación de una historia de un autor como León Tolstói y además tan versionada? ¿Cómo fue el comienzo?

  • R. Para mí, la realización de este libro es lo más parecido a una anomalía espacio-temporal que conozco. Se trata de un cómic de unas 90 páginas en blanco y negro, y me lo propuso la editorial Edelvives. Que además quisiesen que fuese yo mismo quien escribiese el guión demuestra que son almas tan bondadosas como inconscientes. Realizar un cómic es un “esfuerzo hercúleo” en este país dado que es casi imposible rentabilizar el trabajo que implica hacerlo. Son muchas horas de dedicación y la repercusión profesional o económica es muy escasa. Dicho esto, para mí, haber tenido la oportunidad de realizar Cuánta tierra necesita un hombre ha sido un regalo increíble. Especialmente porque disfruté muchísimo escribiéndolo (más que dibujándolo).

    También tengo que reconocer que es una adaptación atípica. La propuesta de Edelvives era elegir algunos cuentos de Tolstoi para hacer varias historias cortas agrupadas en un solo libro. Pero a mí me apetecía hacer una historia única, de manera que incluí dentro del cuento Cuánta tierra necesita un hombre otros cuentos de Tolstoi.


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    En cuanto al comienzo, éste fue algo caótico dado que tenía que crear una estructura estable con muchos elementos diferentes entre sí. Pero una vez hecho el prólogo y el diseño de personajes, el resto fue más sencillo.

P. En qué situación opinas que se encuentra la LIJ actualmente en España.

  • R. A nivel económico, me atrevería a decir que intentando sacar la cabeza de la “crisis”, como el resto de este país. A nivel profesional, tenemos profesionales extraordinarios y reconocidos internacionalmente. Solo lamento que la LIJ, y la literatura en general, siga siendo considerada como un trámite en la educación y no se aprovechen todas sus posibilidades.

P. ¿Qué historia te gustaría poder ilustrar?

  • R. No una, varias. Y todas pululan en mi cabeza dando pequeños brincos e intentando salir de allí. El problema es encontrar tiempo y quizás alguna editorial que no esté muy en sus cabales.

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    El secreto del oso hormiguero. Premio de poesía para niños ‘Ciudad de Orihuela’ 2008.

 

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