Es interesante poder observar las diferencias que se dan entre librerías como La casa del libro y otras como Jarcha.​ Si dos personas entran cada una a una y se llevan el mismo libro, el libro no será el mismo como experiencia completa.


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Por un lado, pienso que entre las librerías de grandes cadenas (la Fnac​) o ubicadas en centros comerciales (la librería de la Vaguada, por ejemplo) o núcleos de grandes ventas, o papelerías incluso, y las librerías “independientes” con un ambiente bohemio, cultural, reflexivo, literario, algunas con posibilidad de cafés (la librería es un hábito de vida), con actividades al margen de los planes de las masas, como Tipos infames​, la diferencia no es tanta a nivel de catálogo… Me explico: las grandes tienen todos (o casi todos) los libros que tienen las pequeñas, aunque esta frase no significa que se parezcan.


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Fotografía de la web de Tipos Infames.

Por otro lado, si uno se va fijando en los detalles descubre que efectivamente sí hay libros que se le escapan a la siempre primera línea cuando buscamos en google un libro: lacasadelibro.com. Algunos libros no los tiene, aunque verdaderamente parecen querer ser para todos y tener también todos los de las pequeñas editoriales o independientes, comprueben, busquen un libro en google. Lo que sí es cierto es que las grandes librerías no viven de estos libros, sino de los superventas, de las cosas que se venden super, y las librerías independientes, culturales, precisamente nacen para vender este tipo de literatura individualizada en autores muy diversos, cuentan otra cosa.

Pero tienen claramente que mostrar esa diferencia, ser una experiencia vital, un ente excepcional, todo un ser histórico o en potencia de serlo o ser simplemente humano. El predominio en la venta por internet, los libros electrónicos, incluso Amazon: hay buenos lectores que compran más por aquí… es otro tema que existe.


Lo que sí es cierto es que en las grandes se ve una pila del mismo libro repetido 8 veces colocado sobre la mesa y en las pequeñas la colocación no es tan masiva o repetitiva, es más a modo de biblioteca, no busca tanto buscarte como que busques, no te presenta las últimas novedades de una forma tan prioritaria y esperando que todos se lleven el mismo libro.

Lo que sí es cierto es que bajar de tu casa e ir a tomar café, echar un ojo a un libro, saludar al librero, comentarle lo último que has leído, decirle si tiene ese libro que ha llegado a tus oídos, una edición rara de una editorial que hizo una tirada muy pequeña, ver en sus ojos comprensión, que el librero esté en contacto con esos pequeñísimos editores y que intente encontrarlo, que lo tenga, es algo tan idealizado como que tampoco es una experiencia sustituible.


Es interesante observar cómo librerías como Panta Rhei permanecen en los barrios más céntricos de Madrid dejando ver que existen dos circuitos a pocos metros de distancia: en las grandes avenidas como La Gran Vía vemos rápidamente Hombres buenos, Los besos del pan, Cicatriz, Cinco esquinas, Historia de un canalla; libros de cocina, de televisión, de historia, de botánica, de inglés, de viajes, de todo. Y en los laberintos detrás de las avenidas aparecen historias como… ¡las mismas! Se parecen en el centro todas las librerías, pero se diferencian en los extremos: unas van a la novelita yanki de autoayuda feliz que habla maravillas de su país y de las compras de lujo e historias amables gestadas para ser objeto de compra puramente, que no proponen un algo de verdad, y otros tienen libros verdaderamente perturbadores.


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Fotografía de Mammaproof.

Sí que es verdad que hay libros que están tanto entre todo el mundo que lee bien y el mundo entero. Escuché en una entrevista a Enrique Redel, editor de Impedimenta, decir que era verdad que la literatura había caído pero no la de calidad, que los lectores que leían buena literatura, ediciones cuidadas habían crecido y los que sí habían disminuido eran todos aquellos lectores que se mueven por los círculos comerciales. Quizás por eso las grandes librerías no suelen discriminar.

Una diferencia sustancial es la estética de estas librerías que casi nunca es gratuita. Nos encontramos un librero profesional, de oficio como Lola Larumbe de la librería Alberti, que de verdad es una librera que vive los libros, muchos años de experiencia, no es solo una aficionada a la lectura buscando trabajo, es una persona que tiene oficio. Nos encontramos con profesionales que aunque cada vez más, sobre todo en librerías como La Central (aunque también es verdad que esta es un caso más especial dentro de las grandes) los que trabajan parecen libreros. Pero en el fondo en las grandes librerías nunca lo son del todo porque estas están supeditadas al nivel de ventas, a hacer socios, y su búsqueda de beneficio económico es bastante superior a su compromiso por la buena literatura, y esto no tiene que ver con sus trabajadores.


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Fotografía de la web de la librería Alberti.

En estas librerías el libro Cómetelo: las recetas del popular programa de televisión, no va a estar, están los libros que dan una vuelta a lo evidente, que cuentan algo diferente, pero solo están esos. Estaría este libro pero presentado de otra forma, sería otra cosa, en otra edición. No hay temáticas de cocina, rosa, a no ser que su punto de vista fuera de alguna manera diferente. Por otro lado, los libros ilustrados están teniendo un protagonismo que no se da de la misma manera en las grandes.

Si entramos a una librería como Tipos infames veremos todos los libros de las editoriales independientes que acaban de salir. De Blackie books veremos Instrumental y Farándula. De Impedimenta veremos Astronautas o Historia de la vida. De Acantilado Conversaciones con Arthur Schopenhauer. De Nórdica La ascendencia o L´ombra de l´altre mar. Pero como diferencia importante podemos decir que librerías independientes no solo tendrán las novedades de estas editoriales, sino también muchos más libros suyos, no se moverán solo en la novedad. La última vez que estuve en Tipos infames hará un par de semanas pude ver que no te muestran las novedades como otras grandes, prácticamente todos los libros tienen el mismo protagonismo porque la mayor parte de sus lectores no busca justo el último libro de esa editorial, alguno sí, sino realmente buscan un buen libro y no compran pensando en el acaba de salir.

Por supuesto ofrecen actividades que poco tienen que ver con aquellas de las grandes librerías. Además, hay un debate interesante acerca de si la librería debe seguir siendo aquella de toda la vida en el sentido de tener un librero bueno y tener libros, y ya, o ir mutando y cambiar algunas paredes por objetos que no sean un libro. Recomiendo ver el vídeo Librerías y bibliotecas 2ª sesión. Mesa bibliotecas y librerías: vías para superar la crisis. Algunas librerías como La Central apuestan por esto de vender más cosas además del libro. Y algunas otras pequeñas librerías también. Lo que sigue sin cambiar es que independientes y grandes siguen sin ser lo mismo aunque dos personas se lleven el mismo libro en cada una de ellas.

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