Cristina y la sardina es un libro de hace ya unos cuantos años editado por Anaya, que ahora rescatamos porque nos parece un libro que debería volver a ser leído por los niños y niñas. Está escrito por Hélène Ray e ilustrado Eve Tharlet, una ilustradora que recomendamos conocer. Sus ilustraciones tienen un ánimo especial, divertido y con cierta energía simpática. Sus personajes tienen un volúmen blandito (hasta la nevera parece tener volúmen) y se mueven de forma simpática.


Tengo anginas

-dice a su mamá Cristina-.

Me pica como una espina

al tragar.

Lo siento mucho, mamá,

no puedo comer sardinas.


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Para nosotros es un libro muy especial. Es uno de nuestros libros favoritos de la infancia y lo conservamos de una forma muy consciente en nuestra librería. En este libro predomina una estética de campo, de casa de pueblo donde están estas cocinas enormes que a veces están a una altura diferente al resto de la casa. Con un montón de cacharros, todos necesarios en una cocina.


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La verdad es que la edición ya tiene sus años, pero no tiene nada que envidiar a muchas publicaciones de LIJ actuales; es verdad que los aspectos físicos del libro se podrían hacer ahora más bonitos con ediciones con portada de tapa dura y la propia estética, pero a ver si alguna editorial lo coge porque lo que se refiere a las ilustraciones y el texto serían plenamente bien acogidos, creemos. Los tonos del libro están de actualidad, colores suaves, composiciones desde las alturas. Cristina y la sardina es un libro de finales de los ochenta impreso en España. El título original es Christine en la sardina. Pertenece a la colección Renacuajos que claramente dice:

La Biblioteca de los Renacuajos ofrece historias breves, muy próximas al mundo del niño. Está destinada a apoyar el aprendizaje de la lectura. Los textos varían de dificultad según los diferentes niveles de dicho aprendizaje. Las ilustraciones, tiernas y divertidas ayudarán a captar el sentido del texto en los casos en que aún no se conozca el significado exacto de una palabra determinada. El gusto por la lectura viene del placer de leer.


 

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Luego, ¡hala!

Como una bala,

salta del plato a la sala;

acierta

a pasar bajo la puerta

y sin parar se dirige hacia la mar.

Y ya no queda sardina

en el plato de Cristina.

 

En Cristina y la sardina, Cristina es una niña a la que no le gustan las sardinas y: ¡Qué se le va a hacer!, las cosas son así. Y justamente resulta que en su casa su madre va a hacer de comer sardinas y Cristina lo ve al llegar cuando entra en la cocina, las ve y las huele. Y no las quiere comer. Pero es lo que hay de comer, así que cuanto menos debe intentarlo.


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Resulta que Cristina se da cuenta de que no le queda otra que comerse la sardina que le corresponde, que tiene que enfrentarse al plato y que debe comérsela. Y se pone a llorar. Y de llorar, llorar… Al final su plato se llena de agua y la sardina resulta que en un momento revive, y se escapa al mar. El libro está en forma de poemitas.

La sardina al poco rato

colea alegre en el plato.

Cristina sigue llorando

y la sardina

ya vivita y coleando,

le guiña un ojo a Cristina.

¡Qué pillina!

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