El Premio Internacional de Álbum Ilustrado de Edelvives llega a su quinta edición trazando un camino, todavía no muy largo, de cuatro obras premiadas y otros tantos autores (escritores e ilustradores) que se han presentado y que cuanto menos, también han activado la LIJ y tienen en común el amor por esta literatura. El hombre que quiso conocer a la luna, El barco volante y los personajes estrafalarios, Ahab y la ballena blanca y Dip han sido las cuatro historias ganadoras a las que ahora se une Una vajilla impar escrita por Catalina González Vilar e ilustrada por Isabel Hojas.


  Una-vajilla-impar-tazas-Isabel-Hojas-1070px
Nosotros hemos conocido el fallo del jurado hoy mismo, un jurado compuesto por profesionales del sector como Violante Krahe, Jefa de ediciones de literatura de Edelvives o la ilustradora Ana Juan. De la mano de Catalina, a la que hemos podido hacer unas preguntas (y ha sido muy amable amable con nosotros), vamos a conocer un poco más acerca de esta historia que ha enriquecido a sus dos autoras a lo largo del proceso de creación, donde han puesto parte de su infancia y de sus vivencias también, que se ha gestado a ambos lados del oceáno entre Chile y España, y donde la sencillez y la honestidad con la vida han hecho que Una vajilla impar llegue ahora a muchas personas que ya desean tenerla entre manos.

P. Lo primero, ¿cómo te sientes al recibir esta recompensa a un trabajo bien hecho?

  • R. Ganar un premio como el de Edelvives es, ante todo, una gran inyección de ánimo. Generalmente este trabajo, tanto el mío como el de Isabel, la ilustradora de este álbum, es bastante solitario y de pronto algo así provoca una pequeña explosión que te pone en contacto con el resto del mundo. Por otra parte, y espero no sonar como un manual de autoayuda, lo que está claro es que hay que conseguir disfrutar de las recompensas mucho más silenciosas y discretas del trabajo diario. Eso es lo que te hace feliz a medio y largo plazo y lo que te permite seguir buscando, trabajando, escribiendo.

    Catalina-Gonzalez-foto-800px (1)

P. Hemos leído en tu web la bonita relación, si nos permites la palabra, gestada entre tú y la ilustradora de este libro, Isabel Hojas. ¿Cómo de importante es para ti que entre ambos creadores en este caso, haya esa “chispa”? ¿Cómo ha funcionado en Una vajilla impar?

  • R. La “chispa” personal entre el ilustrador y el escritor no es imprescindible para que un proyecto vea la luz, ni para que sea excelente. El editor puede hacer perfectamente de bisagra entre ambos, de tal modo que ni siquiera nos lleguemos a conocer personalmente. De hecho, probablemente este sea el camino más habitual, y yo estoy feliz con algunos libros que se han resuelto de ese modo. Sin embargo, para mí es un gran placer trabajar con ilustradores cuyo trabajo me interesa y con los que me siento cómoda, a gusto. Formar equipo con ellos, sorprenderme con los resultados que van obteniendo, encontrar el equilibrio en la forma de trabajar, distinta para cada persona, aprender a mirar a través de sus ojos. Todo eso me enriquece mucho, y me siento muy afortunada de poder disfrutarlo.

Eso incluye la relación personal que se establece con el ilustrador con el que estás armando el proyecto. Generalmente los contactos son a distancia, a través de mails y llamadas, y para alguien que trabaja muchas horas a solas, como decía antes, incluir este tipo de dinámicas dentro de la rutina cotidiana es muy refrescante.

Con Isabel Hojas la “chispa” ha estado ahí desde el primer momento. Nos conocimos, nos hicimos amigas y pensamos en hacer algo juntas. Por eso digo que para mí este álbum está unido indisolublemente a ese proceso en el que hemos ido cultivando y afianzando nuestra amistad. Y eso forma parte de las recompensas cotidianas de las que hablaba antes. Un nuevo boceto que llega a tu correo, un intercambio de opiniones sobre esta o aquella ilustración, contarnos cómo nos va la vida… todo eso hace que el trabajo esté entrelazado con lo que le da sentido.


Once tenedores de largas púas,

nueve tacitas de té,

y ejem…, solo una de café.

 

 Fragmento del libro La vajilla impar

P. Nosotros no hemos podido leer la historia, no se ha publicado todavía claro. ¿Nos cuentas quién o quiénes o qué está en la historia?

  • R. La historia del álbum es muy sencilla. Utilizando como excusa el recuento de una vajilla cuyas piezas se pierden, se rompen o se destinan a otros usos, nos muestra distintas escenas en la vida de una familia, desde que los niños son pequeños hasta que crecen y el padre envejece. No grandes acontecimientos, sino sus momentos cotidianos, unos felices y otros no tan felices. De este modo el álbum trata, de una manera muy sutil y a distintos niveles, sobre las pérdidas, las cosas que se extravían o cambian, y también sobre los lazos que nos unen.

Mientras Isabel hacía pruebas y trataba de encontrar el estilo y la técnica que irían mejor, ambas hablábamos de nuestras familias. Las dos tuvimos una infancia muy feliz, con muchos hermanos y padres cariñosos, lo que no quitaba que tuviésemos tremendas peleas y provocásemos catástrofes domésticas. Pienso que ese es el espíritu del libro, lo que le da gran parte de su ternura. Una mirada afectuosa sobre la vida familiar, pero no exenta de detalles sacados de nuestras vivencias. El desconsuelo de una niña al romper una taza en la que ha plantado semillas, la pérdida de la abuela, los niños enzarzados en una pelea…

P. Por lo que hemos leído, Una vajilla impar es un libro para niñas y niños que, sin embargo, afronta los problemas de la vida. ¿La LIJ debería censurar temas o precisamente adaptarlos y evitar el escapismo, la superficialidad?

  • R. Este es un tema de reflexión recurrente en la literatura infantil, ¿verdad? ¿Hasta qué punto podemos contar? ¿Debemos mostrar o debemos proteger? Creo que lo que tenemos que hacer, en definitiva, es contar historias. Unas serán más superficiales, otras más profundas, algunas divertidas, otras más tristes. Lo fundamental, creo, es que de algún modo sean honestas. Puedes no contarlo todo, pero no puedes, no debes, escamotear la verdad, hacer pasar gato por liebre, simular. Los jóvenes lectores están dispuestos a jugar con la historia, a creer, a seguirte en tus invenciones, pero niños y mayores detectamos cuándo hay algo falso en la historia, cuándo nos están mintiendo sobre cosas esenciales. En cambio, ¡es tan revelador cuando hay verdad en una historia! Emily Dickinson tiene una frase preciosa sobre esto. Ella escribió: “La verdad es algo tan raro que es una delicia decirla.”

Pienso que se puede hablar de todo, pero que hay que saber hacerlo. Y a veces es muy difícil. Hay personas que tienen más talento que otras para abordar con naturalidad y sencillez temas como la muerte, la violencia, el dolor, la inseguridad. En sus historias ese no es el único tema, sino que hay un personaje sólido, y una historia que contar, y unas vivencias que incluyen, quizá de manera decisiva, alguno de estos aspectos más difíciles de la vida. Me parece que estos escritores saben dotar a sus historias no solo de profundidad y coherencia, sino que de ellas, del periplo vital de sus protagonistas, el lector extrae una vivencia que le permite afrontar eso mismo que puede estar descubriendo.

P. ¿Este premio te llega en qué etapa como escritora?

  • R. Pues me parece que no tengo perspectiva para decirlo. Sigo a la búsqueda, como siempre, tratando de aprender, de escribir mejor, de no conformarme, de no olvidarme tampoco de disfrutar. Cuanto más escribes más consciente eres de cuánto te queda por dominar, más ambición tienes. Esto es un estímulo y también un peligro, porque puede acabar frustrándote. Pero volvemos a las recompensas diarias, al placer de escribir, que sigue ahí, al amor por los libros y a esa conversación en la que participas como lectora y escritora.


    Isabel-Hojas-retrato-340px

    Os dejamos una foto de Isabel Hojas, la ilustradora de este libro.

La verdad es que nos parece un título de lo más atractivo el de este nuevo libro que ha nacido, y lo que nos cuenta Catalina y vemos en las ilustraciones de Isabel tiene muy buen aspecto; además que se nota que le han puesto mucho amor. Deseamos, aunque quizás lo más bonito ya les ha ocurrido, que Una vajilla impar siga el trayecto en la imaginación de muchos lectores.

Anuncios