Hoy domingo ya tardecito, día de lluvia y fresco, os vamos a hablar de un libro muy largo y delgado físicamente y delicado, minimalista, sin fondos, en su contenido (parecido en este sentido a lo que hacen, por ejemplo, otras ilustradoras como es el caso de Elena Odriozola); de tapa dura y pocas páginas. Se trata de La Zanahoria, cuento tradicional chino; de Laia Domenech, tanto autora como ilustradora de este trabajo. Una historia que puede entusiasmar a los/las niños/as por su capacidad narrativa con pocos elementos y por su fantasía y naturalidad muy apta para mentes imaginativas.

La zanahoria es una historia de amistad y naturaleza, del control de la sobrealimentación (por qué no, actualmente muy a la orden del día), evitando la gula y del buscar a aquel que justamente necesita lo que nosotros tenemos y no necesitamos. De lo importante que es, especialmente, saber esperar el momento, que si no se es egoísta y se espera, una encontrará una buena cosecha y donde una se esforzó, siempre retornará en forma de buenos momentos ese esfuerzo.
Hay que decir que, por supuesto, es una historia inocente, se ha versionado de un cuento tradicional chino, y como son los cuentos tradicionales de todas partes del mundo, la sencillez y la moraleja (fruto entre otros motivos de la narración oral) priman a través de la personificación de animales, pero al mismo tiempo ahora con las ilustraciones estas hacen que los animales no sean solamente una excusa para contar, sino que se pretenda que uno se alegre también de mantener esa naturaleza salvaje. Imagino que el propio cuento chino es un canto a la naturaleza como forma principal de dar consejos. Así, este mismo empieza: Érase un bosque lejano, jamás pisado por los pies de los hombres. Quizás ahí existen las zanahorias tan grandes y todos los animales las comen, no solo los herbívoros, quizás por eso ahí haya tanta armonía..

 

Las guardas son de lo más originales: un fondo color tierra con el diseño de diferentes insectos como si se tratara de un catálogo de los mismos; hay insectos alargados, otros minúsculos, otros más o menos gordos… Porque de alguna forma es la naturaleza y la diversidad, pero al mismo tiempo una misma comunidad solidaria (una “misma especie”) la que prima en el libro. La zanahoria no es más que una excusa que simboliza todo lo que hemos dicho, ella no es solamente una zanahoria y ello se ve, entre otros momentos, en el hecho de que no tenga una forma exacta, simplemente ella es esa protagonista pasiva que nace de la generosidad de un animal, el conejo, y que por tan generoso le revierte de una forma sorprendente.


Este libro está editado por la editorial Milrazones, de la colección Milratones. El propio libro tiene forma de zanahoria, alargado y fino. El movimiento del águila volando o del jabalí corriendo, la manera de destacar los objetos en tonos azules sobre puntos negros o grises, el aspecto de haberse trabajado en lápices de colores, y como decía al principio, la ausencia de fondos, lo que hace a veces de las ilustraciones más belleza que realismo, crean un ambiente inocente y sincero, donde se deja lo importante, para acompañar a un texto breve que también solo muestra lo importante, sin adornos.