Después de leer el libro de Los niños cantores uno tiene la sensación de estar leyendo un libro muy natural. Hay diálogos, expresiones, maneras de decir que recuerdan a momentos muy verdaderos que quizás no se espera uno leerlos de esa forma casi más de la comunicación oral.

Es un libro espontáneo donde no solo se lanza un mensaje, sino múltiples, que van a acabar por decirnos de alguna manera, que a pesar de las circunstancias de cada uno, todos debemos salir de la jaula en la que se nos mete (a veces nos metemos nosotros mismos), y asimilar nuestras propias vidas, volar.


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Gustav ha sido seleccionado para entrar en el coro de los niños cantores de Viena, y esa oportunidad le hace huir de su supuesto destino, ya que al irse de gira internacional con sus compañeros, se gesta la II Guerra Mundial, y al acabar ese viaje en Australia ya no les es posible volver: la guerra ha comenzado y ahora son prisioneros de guerra. Mucho tiempo después, Nacho, algo triste porque se ha mudado de casa, se interesa por la música y conoce la historia de Gustav. 

El libro de Los niños cantores ha sido el ganador este año del XXVI Premio Ala Delta de Edelvives, gracias a la historia, a la forma de escribir de su autora, Elena Alonso Frayle, una escritora nacida en Bilbao que ha viajado mucho y que ha puesto mucho de su vida en este libro, ella también canta en un coro en Berlín. No podemos olvidarnos de unas preciosas ilustraciones de Adolfo Serra que le vienen como anillo al dedo. Un artista que ha conseguido crear unas ilustraciones tiernas, hogareñas, para que leer este libro sea definitivamente una experiencia completa.

Recientemente Elena fue galardonada también con el XIV Premio Alandar por la misma editorial, y es que sus historias, de viajes hacia uno mismo y hacia el pasado, conociendo la historia y navegando por ella, con personajes sin maldad, pero a veces también sin la fuerza necesaria todavía, afrontan su propio crecimiento a través del amor de los demás y del aprender a querer.


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Es una historia entre Madrid y Viena, al menos entre las mentes de un niño español y otro vienés en diferentes épocas y que, sin embargo, llegan a entenderse y a ser cura el uno para el otro. Porque aunque los tiempos sean diferentes, las vidas son parecidas: todos tenemos miedos y cantar nos une.

Es un libro sobre el poder de la música para acercar a las personas, incluso a aquellas que no se entienden porque no comparten la misma lengua, ni la misma cultura. Del gusto por la música y de lo difícil que a veces es, simplemente, llevar una vida con quienes quieres y en tu hogar.

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No es un libro sobre la guerra pero sí sobre sus efectos.


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También es un libro sobre lo importante que es escuchar, saber lo que ocurrió antes de que uno llegará al mundo, lo importante de no encerrarse en uno mismo. Y Amadeus, un petirrojo muy simpático, también juega un papel muy importante.

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