Hemos descubierto que el amor por las bibliotecas es algo que todo buen vecino debería tener. A veces uno puede decir que una persona no tiene la posibilidad de leer tanto como otra porque no dispone de apenas dinero para poder gastarlo en libros -y parte de razón no le falta, no pienso ser yo quien discuta esto-, pero nosotros hemos descubierto que en las bibliotecas, hasta en la más pequeña como es la de nuestro barrio, hay un sinfín de libros infantiles y juveniles que poder descubrir, soñar, tocar -que podría haber más, pues sí, más novedosos a veces, pues sí, pero desde luego es un espacio para disfrutar, donde encontrar sorpresas, tesoros escondidos desconocidos-; en una sola estantería, donde parece que hay poca cosa, puedes centrarte más de quince minutos solo descubriendo los títulos, y ya si te sientas, si te dispones a relajarte y a leer fragmentos de acá y otros de allá, puedes pasarte la tarde entera sin darte cuenta.

Nosotros estamos descubriendo este placer, y es por ello que vamos a hablar de uno de los libros encontrado entre los rincones de la zona infantil y juvenil de nuestra biblioteca, donde habitualmente se amontonan niños y niñas muy inmersos en las aventuras que leen. Este libro es: Un regalo del cielo.

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Ilustrado por Elena Odriozola y escrito por Gustavo Martín Garzo, si hay un tema recurrente también en los libros infantiles es el de las mamás en sus diferentes comportamientos con los hijos e hijas, estados, formas, situaciones… Mamás poéticas, mamás enfadadas, mamás naturales, mamás libres, mamás sabias. Y este libro también es sobre mamás, pero como he dicho en otras ocasiones: sobre un tema puede haber muchos enfoques, claro está, y esto es lo original del asunto, encontrar el propio y distinto. En este caso, son dos mamás las que aparecen. Finalmente en el libro hay un canto a lo que todas las madres del mundo tienen en común, independientemente de la especie animal a la que pertenecen, y es el cariño por sus bebés-cachorros. El bebé mamífero necesita el amor para estar y crecer sano.

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Este libro es muy tierno. Es verdad que esto de la ternura lo llevan casi implícito el 90% de los libros de literatura infantil (el amor que des a los niños, el amor que aprenderán y serán capaces de dar), pero es que en este caso, el libro es dulce, humano, sencillo y sumamente sensible y delicado. Es un libro que ya con los colores te dice que hay que cuidarlo: su portada y sus páginas son blancas en sus fondos; lo que le otorga simpleza, pero para qué más complejidad… Además, un libro blanco hay que tratarlo mejor para que no se vea feo y con suciedad rápidamente, además, en el libro blanco, los personajes tienen que saber contar y decir bien. Es blanco es pureza, la pureza de los bebés también.

Encontrar este libro en la biblioteca ha sido bueno, ya que de lo contrario no hubiéramos dado con él tan fácilmente, quizás por el momento, ni lo hubiéramos buscado, pero al verlo no hemos dudado en cogerlo. Es esta ilustradora también, al menos el trabajo que nosotros conocemos de Elena, muy sencilla en fondos, la figura predomina y tras una rama uno debe imaginar el bosque o tras un banco donde están sentados mamá e hijo, un parque; tras un cara oculta por una bufanda uno debe imaginar la añoranza, por ejemplo. Los fondos habitualmente son sutiles, y sin embargo, no se echa en falta cierta información: está todo ahí. A esto añadiría la energía positiva de sus trabajos, que transmiten bondad y clarividencia, también alegría.

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A mí me gustaría destacar la capacidad de Elena Odriozola de hacer esbozar una sonrisa al ver sus ilustraciones, en este libro sin duda. Quizás ella no lo pretenda, pero las formas de sus personajes, sus expresiones, sus deformidades amistosas a veces muy evidentes y que funcionan perfectamente, hace que uno se ría de las pintas de ese bebé cogido por su madre o de esa oveja patas arriba con un bebé culón encima de ella. Los niños son muy sensibles a los dibujos, no todos por el hecho de hacerse, atraen al niño, quizás le provoquen miedo; en este caso, estamos casi seguros de que es fácil que el niño, sonría, se sienta cómodo.

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La verdad es que los puntos fuertes de esta ilustradora son para mí las texturas (ropas, lanas, gorros…) junto a las formas caprichosas con las que crea a los personajes que hace -yo siempre de ellos me fijo en su ropa, muy elegantes, hogareños-, puede haber tanto tamaños que se engrandezcan (el cuello) como algunas partes que sean diminutas (las piernas, los pies). Este libro es naturaleza, es mimo, es suavidad. Y nos gusta doblemente porque es un libro que incluye a los animales libres en la historia de los acontecimientos, y nos gustan los libros que se acuerdan de que no vivimos solos en este planeta, que como nosotros, otros seres habitan los lugares, y que debemos respetarnos y pensar que somos todos iguales. Es un libro sobre la igualdad, la igualdad de todas las mamás y su derecho a poder cuidar de sus hijos libremente y en la mejor de las condiciones porque es lo que desean hacer, está en su naturaleza y tienen ese derecho, porque ser mamá, además, significa eso, la madre naturaleza, el cuidado.

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Es este un libro del año 2007, de ediciones SM, impreso en España, Madrid.

No, no se olvidaron.

Que es verdad que estaban encantadas con sus hijitos,

pero también que se acordaban a menudo de los prestados,

y se ponían un poco tristes porque

se habían llevado con ellos una parte de su corazón.

Y se daban cuenta de que todos los bebés del mundo son un regalo del cielo.

Y que el amor era para todos igual.

A nosotros nos gusta este libro por el simple hecho de transmitir el amor de las madres, para qué más.