Desde la colección Siete leguas de la editorial Kalandraka sale esta preciosidad de libro, El pastor de nubes.

El pastor de nubes

La pareja de autores que ya en su momento nos ofrecieron Los animales de la lluvia, la historia de Noé y su arca contada de un modo muy simpático, el escritor Pedro Villar Sánchez y el ilustrador Miguel Ángel Díez nos enseñan la vida de Nino, un niño tremendamente curioso, con ganas de levantarse cada mañana y dar un paso más que ayer en su curiosidad diaria. Nino es hijo de un pastor, y es de su padre de donde le viene esa curiosidad, su padre es el que le ha enseñado a mirar, el que le dice que tras las montañas hay mar, que si se asoma un poco lo llegará a ver.

Allá donde las historias crecen como los árboles, donde las leyendas se alimentan de mágicas palabras,vivía Nino, el pastor.

Un día su padre le anunció: 

“Detrás de esas montañas se esconde el mar”

Desde entonces, guiado por su curiosidad, Nino siguió los caminos, buscando las aguas del océano…

No es necesario despertar la curiosidad en un niño, todos nacemos con ella, pero sí es bonito saber cultivarla, regarla de sorpresas para llevarnos a la fantasía. Quizás por ello vemos unas maravillosas ilustraciones de Miguel Ángel Díez con tonos azulados o violáceos que nos llevan a un mundo real pero con atmósfera mágica, todo lo que vemos no es igual a como lo podríamos ver si realmente lo sentimos, y eso a Nino se le daba de maravilla.


El pastor de nubes

Ambos, padre e hijo viven en la tranquilidad del campo donde los momentos vacíos pueden ser para algunos aburrimiento pero no es así para Nino. Cualquier pequeño momento es aprovechado para escuchar un pájaro del que ayer no se percató, de ese olor que trae el viento que es diferente, el conocimiento en la naturaleza es infinito, se puede ser sabio, pero para eso hay que internarse en aquello que se desea conocer y dejar todos los sentidos abiertos.

Para Nino todo tenía palabras, hasta los sonidos de las gotas de lluvia y el fluir de los ríos a través de los cantos estaban queriendo decir algo y él tenía que atraparlo de alguna manera, pero a su padre le empezaron a parecer desvaríos, “–Presta atención al ganado. Las letras no dan de comer, las palabras se las lleva el viento…”, le decía. Quizá Nino encuentre algo o a alguien que le haga seguir sus fantasías, recoger las palabras, las leyendas de la naturaleza, saber guardarlas y quizá en algún momento contarlas. El oficio del contador de historias, el que viaja de pueblo en pueblo con palabras tejidas en historias que las deja caer sobre las gentes en las plazas de los pueblos y que durante su trasiego sabe observar, sabe mirar, llamar a las palabras de momentos, de susurros de un árbol que corta el viento lleno de leyendas y canciones.


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Con esa capacidad para extraer la fantasía de lo real, el que quiere ser pastor de palabras. Nino recuerda a su padre que el oficio de pastor es algo precioso, que permite sentir el rumor del agua, escuchar la memoria de los árboles y observar las estrellas.


Ver el mar, querer a los sueños, dejarse llevar por las fantasías y llegar a la felicidad sin apartarse de los sentidos y de la memoria.

El pastor de nubes

 

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