Los despites de Matías es un libro escrito por Marjaleena Lembcke. Es este un libro ilustrado por Elena odriozola y de formato de pequeña lectura  para jóvenes lectores, por lo que Odriozola acompaña con las ilustraciones que me parecen de lo más bonitas, y me parecen muy acertadas, ya que cuando el dibujo no es realista, que suele pasar en la mayoría de los ilustradores para niños, uno puede seguir imaginando a su propio personaje, quizás un niño como él, y al mismo tiempo observar con mucha atención estas ilustraciones para poder ver el libro en imágenes y reforzar los valores que el libro pretende mostrar con las palabras.

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Desde luego es un libro que yo daría a un niño o una niña por la tarde durante la hora de la merienda, para poder tirarse buen tiempo leyendo bajo el flexo. Me parece un libro que puede agradar a los adolescentes, a los niños de 10 años, mucho. Porque es un libro muy ágil que al mismo tiempo te está hablando de un personaje imperfecto, que no da una, y ello te transmite relajación al mismo tiempo, porque todos somos imperfectos -al menos yo me he sentido muy identificada con Matías- y leer a personajes humanos es lo mejor que podemos hacer.

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Matías, que es el protagonista, es un niño que no hace más que olvidarlo todo -aquello que para sus padres es importante-, él al mismo tiempo está pensando en otras muchas cosas, y todo no le cabe en la cabeza. Siente que no se puede acordar de coger las llaves, de echar de comer a su gato, darle los papeles a sus padres que le entregan los profesores… Y todo empeora cuando no encuentra el libro que le ha dejado un amigo: un libro de buceadores, asunto que a Matías le gusta mucho, pensar en lo que hay en el mar. Es un libro donde los padres también son comprensivos y que si lo lees con algo más de edad, como me ha pasado a mí, los comprendes mucho mejor, empatizas también con ellos; pero sobre todo, uno comprende a Matías. Y yo premio los libros que hablan de nosotros como seres de una gran imaginación por lo que no nos podemos acordar de las cosas del día a día; creo que ese es el buen ser humano, el más natural. Ahora, bien, ¡también hay que acordarse de las cosas importantes del día a día o estamos en un buen lío! Esto también lo recuerda el libro.

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Es un libro que en su contraportada pone lo siguiente: Matías es un niño despistado, igual que su abuela. Por eso ha perdido el libro sobre buceo que le ha prestado su amigo Enrique. Pero también ha olvidado las llaves de casa, su bolsa de deportes… Su padre dice que hay que dejar espacio libre en la cabeza para las cosas importantes. Sin embargo, Matías un día cae enfermo porque cree que ya no le cabe nada más.

Algo bello de esta pequeña novela es que las ilustraciones están presentadas en blanco y negro todas -excepto la de la portada-, algo que transmite cierta calidez del pasado, hogar, infancia, sencillez, una historia como las que yo leía de pequeña, hace pocos años, quizás porque es justamente de la época en la que yo hubiera leído este libro -más o menos-… Y esto me gustaría defender, que muchas veces no es necesario modernizar estas lecturas porque son preciosas con esa esencia de los libros antes de las tecnologías, de los personajes que poseen una gran imaginación, los niños que se entretienen con libros que guardan debajo de la cama.

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Estas historias no se pueden perder. En este caso, las ilustraciones cobijan a la historia y cierran su sentido con ese blanco y negro, esa textura de lápiz. La portada, en colores azules, con esos pájaros en la cabeza que forman su pelo, las expresiones afables de los personajes, de los padres, y de todos los personajes -entre afables y de sorpresa-. Me gustan los personajes cuya expresión encierra bondad en pocos trazos.

La verdad es que es interesante lo que transmite su lectura, es una forma dulce también de contarte cómo funcionan muchas familias, de poder entender a los distintos puntos de vista, también el de la abuela, no solo el del niño. Es por ello que pienso que podría leerlo cualquier persona que se sienta parte de una familia. Es una manera de hacernos entender cómo se puede funcionar en casa, donde hay unas normas, y el niño no deja de ser niño, pero necesita que le cuiden, aunque su imaginación nos encante, y la abuela, y los padres.

La autora, sin duda, ha sabido plasmar la calidez de las personas, la tranquilidad de los padres… Un universo afable donde todo funciona, cuando todo parte del cariño. Y cómo los niños tienen su universo personal donde se resguardan en su imaginación para ahuyentar las pesadillas.

 Desde luego, es una novela para niños y niñas que recomendaría su lectura.

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