Se cree en numerosas ocasiones, porque lo veo -yo misma lo promuevo sin darme cuenta, absorbida por la belleza de tantos libros ilustrados- que el libro infantil, debido a las últimas tendencias, es una suma de páginas llenas de ilustraciones con mucho más valor que antes y una oración, breve, simpática, que en la mayor parte de las ocasiones tiene un mensaje más profundo, pero que deja al escritor en un completo segundo plano; pasamos la página y volvemos a maravillarnos por las ilustraciones. Mis estanterías están llenas de estas obras de arte… Pero no podemos olvidarnos de leer.

Esto es un álbum ilustrado, no un libro infantil… Yo a veces me líoLa literatura infantil se está llenando de dibujos hermosísimos, pero no podemos olvidarnos de leer durante largo rato.  Los libros infantiles son también los que son leídos durante días por partes. Sin embargo, en una era muy visual, no son tan agradecidos a la vista a la hora de compartirse en redes sociales, sitios web infantiles… A la hora de ver a un dibujante no es lo mismo que leer a un escritor.

Esto, como digo, tiende a ser así porque por suerte la profesión del ilustrador está en auge, ahora no es aquel que acompaña a muchas páginas de una novela por una ilustración que resume sesenta páginas y hasta el final del libro nada más -y que nadie se entera ni de quién es porque a veces no viene ni citado en la portada-. Así son los míticos libros de El barco de vapor que yo he leído, y de tantas pequeñas novelas juveniles… Un estilo que sigue existiendo porque los niños tienen que leer historias, porque los niños tienen que leer novelas infantiles, aprender a leer y a usar la imaginación, dar vida en su mente a los personajes sin necesidad de la imagen, y no solo leer los libros del colegio, y no ver esos libros como una obligación.

Ahora, como siempre, las cosas cambian, y se hacen más protagonistas otros elementos que venían necesitando que se les valorase. Aunque es verdad, que no dejan de existir las novelas para adolescentes, pero no parecen tener el hueco que merecen. Y cuando escribo que somos una página de información sobre literatura infantil y juvenil, a veces se me olvida la pequeña parte de lo juvenil.

Por ello hoy, quiero hablar de un libro que puede maravillar a un adolescente, donde la lectura es la protagonista, y las ilustraciones acompañan tan bien… que no sabría cómo describirlo. Quizás porque escritor e ilustradora son pareja e imaginan juntos.

Las crónicas de wildwood es este libro, escrito por Colin Meloy e ilustrado por Carson Ellis. Lo leí hace poco, y ya no soy adolescente y me lo podría leer con veinte años más y, estoy segura, me seguiría enganchando a la historia de la misma manera, a la aventura de una protagonista que cae bien nada más empezar a conocerla, del amigo inseparable al que también se le coge cariño enseguida. Una atmósfera en un pueblo que parece no tener nada y que a la vez alberga en sus fronteras la historia más ilimitada y fantasiosa que podamos imaginar. Una aventura inspirada en el lugar donde fueron a vivir los propios autores, Portland, en concreto en el Forest Park, un bosque de 5000 hectáreas que está a la afueras de esta ciudad. Una historia que nada tiene que envidiar a Harry Potter y a las Crónicas de Narnia, y que sin embargo, pienso que es poco conocida. Quizás cuando se publicó lo fue, pero ahora yo creo que no se ha mantenido en el tiempo.

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He visto este libro en la sección infantil de La Central, he visto este libro en la librería Liberespacio, y comprarlo fue comenzar a leer una narración de amistad, de sencillez, de naturalidad, de compartir de los personajes, una historia generosa y valiente. Wildwood es un lugar peligroso y, sin embargo, un lugar hogareño al final, del misterio nace el hogar en esta historia, lo que da miedo y lo que se quiere está muy unido… Lo más desconocido te lleva a tus raíces. Donde tenemos miedo a ir debemos a veces ir y no hay que ponerse barreras, porque en los lugares donde parecen decirnos que no entremos aparecen buenas personas, nada es tan malo, hay que ser valiente. Aparecen personajes malos, también con sinsabores y partiendo la historia de que Prue, la niña protagonista, pierde a su hermano pequeño Mac.

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Las ilustraciones son tan pequeñitas, tan cuidadas, los trazos sencillos, las formas fáciles, proporcionadas de los personajes y de toda la naturaleza que sale, que merece un alago a su ilustradora. El estilo de las ilustraciones me gusta mucho porque es tan realista como fantasiosa la historia y esto hace que el niño se la pueda imaginar perfectamente y al mismo tiempo da pie para que este niño o niña que lea la historia también pueda ampliar este mundo a partir de las ilustraciones dadas. Te da un trabajo hecho, pero el fundamental lo tiene que hacer uno mismo. Para mí es tal la sincronía entre imagen y texto que entre otros motivos, es por ello, por lo que lo ensalzo.

La historia está magníficamente contada y, aunque también pueda haber clichés: la aventura de unos niños que se imaginan un mundo mágico que parece que existe pero que no se dice explícitamente… Como he dicho otras veces, hay mil formas de contar lo mismo y no todas funcionan. La fantasía y los niños, y me atrevería a decir que todas las personas, van unidas, y en este caso además, no es un sueño de un niño. sino que los adultos (los padres de la protagonista) corroboran lo que está pasando.

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Este libro recoge leyendas de las personas que viven en el pueblo de al lado al territorio impenetrable, en Saint Johns. Este libro tiene un mapa donde puede existir el bosque del norte, el árbol del consejo, el bosque del sur… Recomiendo a todos los adolescentes este libro, y a todas las personas. Incluso lo recomiendo para leerlo a los más pequeños, en muchas sesiones de noche, claro.IMG_20150121_104643