El color de la tierra es un libro de tierra, arraigado al origen y a la dificultad (y a la vez al sumo apego y al amor aunque uno casi no pueda sobrevivir en ese lugar que ama); hecho para sensibilizar de un problema que quizás quienes tengan un libro tan bello en las manos, no puedan llegar a comprender (nosotros los occidentales) inmersos en sus casas, leyendo a su hijo. Lo que no quita que libros así derriben fronteras y hagan que todos los niños se conozcan y puedan entenderse.Al menos nosotros conozcamos cómo viven otras culturas para jamás pisarles con manera de vivir destructivas e insultarles.

elcolordelaarenaSu lectura anima a cogerle cariño a un personaje sin recursos, que como puede ser normal, piensa sobre lo que ve y su pobreza la asimila como una realidad instalada y no cuestionable, no conoce, ni tiene por qué conocer otra cosa. Su tierra es tan bella por sí sola.

La portada y todas las páginas interiores, incluidas las guardas, mezclan colores fríos y cálidos, dentro de una paleta donde predominan los amarillos, ocres, dorados apagados…, las formas curvas y una simpleza infantil. Al fin y al cabo, el libro está narrado por un niño y sus ojos dibujan rápido y no necesitan muchos detalles para adivinar la figura sobre la que piensa.

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La educación escolar es efímera, su casa es efímera, hasta sus familiares pueden llegar a no ser permanentes en su vida, no son figuras sólidos para él, al menos físicamente hablando… Es un lugar donde las relaciones entre las personas quizás sean más profundas, las relaciones con aquellos con los que te encuentras en el viaje; más profundas que en otros lugares del planeta, y esto les dota de magia.

Abdulá, que es el protagonista, dice que todo lo que dibuja es igual en la arena, tiene el mismo color, aunque él sabe que no, como significando que es el cariño de dentro lo que mantiene encendido el fuego porque en esa  tierra, la vida, la crueldad, puede ser igual de dura.

Siempre es interesante escoger a un personaje infantil para contar una terrible historia, porque a la vez de sentir la felicidad tras la dureza (los niños por esencia suelen ser alegres), cuantan los que ven y lo que sienten muchas veces escupiéndonos un significado terrible en las palabras que seguramente un adulto autocensuraría o diría simplemente de una forma más adulta.

“A todos aquellos que sufren en campos de refugiados. Mi agradecimiento a la Fundación Art and Life, cuyo proyecto abre un camino de expresión, a través del arte, para aquellos niños de las zonas más desfavorecidas del planeta”.

Edelvives destina el 0,7% de la venta de este libro a la financiación de los talleres que Art and Life realiza por todo el mundo. Un libro de Elena O’ Callaghan I Duch y María Jesús Santos Heredero.

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Una de las páginas de El color de la arena.

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